El ejercicio extremo multiplica el consumo de oxígeno, generando un exceso de radicales libres que fracturan las membranas celulares. Aunque el cuerpo produce sus propios antioxidantes, ante jornadas extensas este sistema endógeno resulta insuficiente. El resultado es un desfase biológico que detona la fatiga muscular y retrasa la regeneración
El material de reconstrucción interno necesita una vía rápida de entrega. A través de una corriente microcorriente bifásica adaptativa, optimizamos el tejido conectivo. En el pre-entrenamiento, prepara y flexibiliza la fascia; en el pos-entrenamiento, actúa como una bomba impulsora que barre desechos metabólicos (ácido láctico) y acelera la circulación local, potenciando la llegada de los nutrientes ingeridos.
Para revertir el daño estructural, la intervención exógena debe ser precisa. Aportamos péptidos bioactivos obtenidos por hidrólisis enzimática (2.0 kilodaltons) y minerales quelados. Al estar unidos orgánicamente a aminoácidos, el sistema digestivo los reconoce como alimento, garantizando que los bloques de reconstrucción crucen la barrera intestinal intactos y directos a la célula.